lunes, 9 de agosto de 2010

Raspaduras en la pared


Mira las horas que han pasado, los caminos que hemos transitado, las gotas que nos mojaron el rostro cuando nos resistimos a la realidad..
Han pasado mil cariños por estas pieles que nos unieron, pero no importa lo que ocurra aún te recuerdo y tú me recuerdas.
No son los ojos que entornaste hacia la otra, ni los besos que me diste y que le diste. No son los corazones rotos, ni las ausencias, ni la macabra sonrisa del destino que se asoma a la ventana.. son tus palabras las que retozan y se retuercen en el hombro de mi conciencia, dandole golpecitos suaves como los de los dedos de un estudiante sobre el pupitre en el que se sienta.
Cada vez que se cierran las mañanas, que las nubes se trasforman en mariposas doradas, cada año que transcurre más rápido de lo que logras acostumbrarte a él, cada vez ocurre un intento de contener el aliento, de lanzarnos al vacío, de mostrar una sonrisa aunque nos salga una mueca de inconformidad.
Ay mi amor, pero ambos tenemos un sueño claro, una oscuridad que nos aseche, un deseo que nos enlace cada vez que nos dormimos.
Somos un par de almas desgarbadas, unos completos ignorantes de la inmesidad de este universo donde no somos nadie.
No te atormentes, cariño. Las verdades que nos trae el conticinio son hechas de polvo que el viento esparce.
Vayamos a volar.