lunes, 19 de enero de 2009

Estorbo de la Luna


Calla la penumbra, república aquella de piedras que se hacen sombra, de arrugas en las sábanas muertas. Calla el resplandor a lo lejos, la siénaga sin soles, el mar que azulea. ¿Que tendrá este callar vacío? ¿Angosto es el silencio? ¿Pequeña la garganta? ¿Amplios los abismos?
Sal que vuela, agua de pozos claros. Ay, pero si las noches ya no son más que un recuerdo, una antesala a lo ya sabido: que ya estamos o estoy sola, da lo mismo. El reflejo aquel de los espejos, el equilibrio entre los agujeros negros, la santidad de los cuerpos blandos, siguen metidos bajo la cama. Se llenan de telarañas. La luna hoy es un bosquejo.
Blandearé, no me guardaré en la coraza de este cielorraso. Seré otra vez, la que es violada por cuanto es mujer. Ya por encima lloverán las almas como basura revuelta entre las gotas de lluvia ácida. Habrá una costa, un monótono ruido de vaivén y seré amargura en tu mirada. Sí, otra vez.
Un olor de tierra que no se arranca. Un movimiento que denota vida por entre las entrañas, pero es que así es. Calla la penumbra y calla, calla.

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