domingo, 28 de diciembre de 2008

Del consuelo agostado.


¿Que el consuelo es lo que nos queda a falta de solución?
Aún así, ocurre que las cosas con el uso se gastan.
¿Qué pasará con el consuelo? Pues como todo, acabará así: seco. No es de extrañarse. Incluso nosotros mismos, de tanto cargar el peso del horror en la nuca o los hombros (da igual), acabaremos por allí andando bonitamente chuecos y argallados. Hasta sería una escena digna de pintarse, como aquellas escasísimas pinturas que hubo durante el Oscurantismo y que casi nadie conoce o recuerda (por decir que se reconozcan). O en definitiva, por el poco esteticismo y la crueldad de hacerla durar por la posteridad, todos la llamaran "obra maestra"... "The greatest masterpiece".
Eso es el morbo. Ese regocijo ante el padecer ajeno.
Pero es que, ahora que bien lo veo, la esperanza incluso podría ser consecuencia del mismo consuelo. Con razón hay por ahí una buena cantidad de pobres diablos derrengados que ya no pueden ni con el alma que suponen deben tener.
Es como un círculo vicioso o mejor aún (por así decirlo) como un andancio. Sí, de esos que se extienden con rapidez, como la tuberculosis en los tiempos de Maria Castaña. Mejor dejo de divagar o de debatir con la pared, en un momento al resisterio, me dejaré caer un rato sobre la cama y su desorden casi ordenado de noches sin amante.



sábado, 27 de diciembre de 2008

Des-concierto


Experimentaba verbalmente el sentido icónico de un cuerpo desnudo:
"Ay, pobre conciencia. Tan noble". - Me decía -

I
Es incómodo, por no decir terrible, cuando las historias de hadas se desgastan en realidad.
La palabra, las evocaciones al misterio. Las notas latentes y febriles en el pecho (incluso en la entrepierna) pierden su significado.
Todo lo hace finalmente, pero no de forma tan violenta. - ¿O sí? -
No, no. Con gracia, con gracia. Con delicadeza, como para que no duela.
Como perder la virginidad con el príncipe azul, que nadie sabe por qué es azul.

Es bueno sentarse a dialogar con lo inefable, lo funesto, lo caótico.
- Sí. -
Lo que nos hace adolecer como púberes perdidos.
Así, se hace uno a la idea y ya simplemente no duele lo que ya sabías.
¿Por qué la espera? De ella nunca llega nada bueno. Y no todo objeto
es mostrado por entero a la primera, más si por partes, por etapas.
Según sus dimensiones, lo más seguro.
Lo caótico llega cuando el objeto no es corpóreo, entonces
¿cuántas caras? ¿Cuántos tiempos? ¿Cuántas letras? ¿Cuántas notas?
¿Cuántos silencios? ¿Cuántos?

- ¿Cuánta espera? -

Finalmente nada existe hasta que tomas conciencia de ello.
Así es el des-concierto.
Así suena.
Cómo un grito que nunca oíste y del que no fuiste conciente.

martes, 23 de diciembre de 2008

Recuerdo / Donde mueren las letras


Nos fuimos por el camino de las hojas.
Pero no encontramos hojas.
El camino ya no me recuerda.
¿Qué camino recuerda a un alma que no tiene nada que ofrecer, más que a sí misma?
Y a toda su nobleza... Y a toda su nobleza.
El tiempo se había acabado para los mancebos que se reunieron en la plaza,
con sus barbas crespas y sus camisas manchadas de sudor y pesadez.
Y los árboles se guardaban de la noche entre sus propias ramas.
La noche se quedó atrapada.
Ella no llegó. No llegó.

Por el camino de las hojas, ya no hay pisadas que nos devuelvan en el tiempo.
No hay rumores de palabras dichas por allí volando.
Ya nadie vuela en estos días, menos las palabras.
Si es que llegan.

Más allá, recuerdo, El Amante se quedaba solo y tendido.
Tendido quedamente, quedamente.
Y otra flor nueva había donde debían ser sus dedos.
Las aves se han vuelto piedad para El Amante.

En el camino de las hojas vimos un diamante negro.
Nunca tuvo explicación.
Parecía tener dimensiones monstruosas
y se vestía de una opacidad brutal y agónica.
Pero se fue haciendo pequeño.
Pero fue cambiando sus formas.
Y se alejó en el cielo.

Y los recuerdos también.
Y los recuerdos también.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Composición de la Memoria


Hasta en la más simple blancura de un resto de papel,
se desconpone la antología de los recuerdos,
que casi como cosas de axioma irrefutable insiste en no ser borrado.
No admite si quiera un vestigio de olvido.


Se vuelve entonces al desorden poco práctico de traumas e ilusiones
o en resumen de toda ramificación (árbol quebrado) de la esperanza.
¿Qué se hace entonces? A veces se hace nada de las caricias malgastadas
acaso por no tener quien las reciba
(o más bien porque quien las reciba no las quiera recibir).


Tan pronto como se descubre el rechazo,
se empiezan a notar los pedacitos de esfuerzo
desplegados cual alfombra sobre el suelo.
Memorias puedo ofrecer, nada más.

Un alma desperdiciada, una soledad buscando otra.
Pero esos soles y esas edades no harán conjunto
ni serán piezas que encajen.

Paso a paso nos vamos haciendo más viejos,
más conocidos, más similares a papeles
o periódicos guardados bajo el colchón.

Es casi siempre como descubrirse uno al inicio
cuando se creyó alcanzar el final. Y llega el que habla
de un Opus y la que se arroja al horror.
Pero no son ellos quienes se deshojan.

No son ellos los viejos papeles.
No son los besos que hacen la memoria.

Cubo



No es cosa de rutina detenerse a escoger con especial agilidad, pensamientos que por allí revolotean. Aquella mañana, por poner el ejemplo, me debatía entre historias raras y carentes de realidad confiable. Ya se sabe, esas cosas de las que no se tiene certeza porque se comprenden en lo que se llama "conocimiento vulgar". Le daba la espalda a la pared, que culpa nunca tiene, para acomodarme sobre mis formas irregulares y entonces me dispuse a deshojar una flor. "Sólo basta con hundirse entre los relictos de la memoria a la vez que se intenta mirar a los ojos de una estatua" y si la cita continuara, diría que nos quedaremos ciegos. ¿Será mejor así? ¿Estaríamos mejor?
Otra vez se abría debate entre el bolígrafo y yo. Entre la hoja y yo. Entre yo y... bueno, siempre fui yo. Nadie se fijaría en la redondez de mi vientre ni se hablarían al oído los unos a los otros a la vez que me miran. No me vería yo misma, ni el reflejo del otro lado del vidrio. No existiría nada (si creemos como axioma aquel enunciado que clama que cada cosa empieza a existir una vez que se toma conciencia de ella).
Qué cosas con esos pensamientos flotantes y espaciales como cubos. Los volteas, los reagrupas, los giras una vez tras otra y siguen siendo cubos.
Como decía hace algún tiempo, será que debo escribir sobre cosas inexistentes para olvidarme un poquito de mi humanidad. O quién sabe, no podré deslastrarme nunca de lo que me hace debatirme con plumas, cubos flotando, estatuas sin ojos.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Persiguiendo tradición


Me encontré urgando entre vivencias pasadas y deseos que tenía olvidados. Y sí, resulta que me he guardado tanto en mi "Blanca de Pasos Rotos" que me olvidé de la ciencia que hay en eso de dejarse ver.
Preferí asirme a mi consuelo de mañanas dolorosas como el Stabat Matter. Luego, pasa la serena y cándida voluntad del destino vertiginoso, que de la misma manera incoherente, acabe por llegar alguien envuelto en letras bien medidas y puestas una delante de la siguiente. La noche largaba, como suele hacer, pero las "Ella" se perdían en los recuerdos y aparecía esta vez un "Él". Casi me dejaba llevar por otro ensueño, de esos de frangancias, de egocentrismo inocente, en el que llegase una mano escurridiza a darme un golpecito en la espalda para decir "heme aquí" como si yo fuese importante.
Entonces pasa y vuelve a pasar, como si una criaturita apresurada, diera carreras tambaleándose en el pecho, que el corazón brinca y se estremece. Y el Corazón también, también.
Casi se podía decir "Yo... yo..." para que el otro contestase: "Yo... yo... también". No, no eran eufemismos, ni palabras encubiertas, ni caricias arrojadas. Había más que palabras, risas, eco, sueños, nada.
Había más. Había más.
Me he deshecho en un pozo que refleja astros, a caso dejados en el cielo a propósito para ser reflejados hoy. Pero luego llega un soplo, de brisa caprichosa, de la Diosa Envidia (allá clavada en el cuarto de Ella) que lo vuelve todo turbio, como obligándonos a la duda. Duda a veces beneficiosa. Son cosas de la Diosa, habrá que entender sus fines.
Será que en verdad no son ideas, que el silencio susurra con rara armonía. Que las hojas después de sueltas, no son más que hojas y son hojas y son más.
Yo me encuentro pues conozco mis caminos. De pronto no llevan a nada bueno. Soy un alma de esas tantas, revueltas en soledades de café instantáneo. Cuando ya no pueda más, aumentarán entonces mi infortunio, mis mañanitas que azulean, los maullidos del gato. Pero eso sí, con delicadeza. Mientras que, por supuesto, una mano nueva dentro de la mía, me guía hasta el centro y solo sé que "querré volar, desesperadamente".
Te daré corazón, te daré corazón. Así, deshecho por mis manos y con olor a rosas falsas.